IMPRESIONES
La muestra de fotografía que acoge la galería Luis Gaspar y que documenta la vida en Camboya a través de la experiencia de un viaje, es directa, sencilla y cercana.
El artista, Ronald Patrick, establece una relación íntima y personal con las personas y el entorno que las rodea, dando como resultado la captación de un pedazo de vida, un solo instante, que es capaz de contarnos mucho más.
Las fotografías, son pequeñas, pero monumentales. Buena muestra de ello, es la imagen de un niño de espaldas que se agacha frente a un lago, donde el protagonismo del cuerpo humano se impone en la escena, engrandeciendo la figura y modelándola a través de la luz.
La imagen desvela la delicadeza que se puede desprender de una espalda desnuda y la transparencia de las aguas donde el joven se refleja.
Lo mismo ocurre con el niño que descansa sobre sus piernas en una barca, que en el simple y llano transcurrir de sus acciones, no es conciente de la belleza que entraña su figura mojada y esculpida por la luz. Nosotros al contrario, tenemos el privilegio de ser testigos de ella.
El pequeño formato, refuerza la idea de cotidianidad de unas escenas que acontecen todos los días. Son detalles sinceros de los habitantes de una ciudad, que sin embargo, se hacen grandes al adoptar una perspectiva inmediata y al ser tratados desde la mirada artística, que ilumina cada elemento otorgándole ese halo de espiritualidad estética que nace de lo sencillo.
La presentación en blanco y negro de las imágenes, acentúa asimismo esta idea de pureza en sus gestos y naturalidad en sus acciones. Nada de diversidades cromáticas que distraigan nuestra atención en los tonos de los ropajes o verdes de la naturaleza, tan solo la simpleza de dos colores que nos permiten focalizar la mirada en lo verdaderamente importante.
Por otro lado, la utilización del blanco y negro, aumenta las posibilidades de juegos lumínicos que tanto parecen gustarle al artista.
La impresión directa de la imagen sobre el soporte enfatiza la proximidad a las escenas, que se nos presentan claras y nítidas, de la misma manera que lo hacen aquellos que las habitan.
En general, la exposición nos transmite la idea de un viaje, de una convivencia, permitiéndonos experimentar la sensación de presencia familiar, en lo que para nosotros es desconocido.
La belleza se transluce en la mirada de esta gente sin nombre, de la que sin embargo somos capaces de conocer una parte de sus almas, al establecer el contacto con su vida diaria de la que sin querer, nos hacen participes.
Indudablemente, la estética de las fotografías, las composiciones en muchos casos atrevidas, la captación del movimiento y la utilización de las luces y sombras para marcan los volúmenes, son aspectos muy a tener en cuenta. Sin embargo, el mayor mérito del artista es el de haber sabido plasmar la hermosura de la espontaneidad y lo cotidiano, para transmitirla a los que no hemos estado allí.
Nerea Pérez
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